domingo, 26 de octubre de 2014

EL LEÓN, LA CEBRA, Y LA LIEBRE

¿Conocéis el cuento del león, la cebra y la liebre?
Seguro que os lo contaron cuando todavía se usaba ropa de domingo, cuando nos obligaban asistir a la misa de la parroquia del barrio, cuando… —bueno ahora qué más da—, yo me escondía en el bar de los futbolines y sólo comulgaba la hostia que me pegaba mi padre, no por irreverente sino por mentiroso.

Permitidme que hoy os la recuerde, de algo me tiene que servir la memoria.

Según esa antigua leyenda, existió alguna vez una tribu de hombres gigantes que decidió acabar con todos los leones por ser estos los únicos que rivalizaban con ellos en fiereza y supremacía sobre las demás especies. Los acosaron y fueron implacables, matándolos hasta que no quedó más que uno. Tal vez no se tratase del más veloz ni del más inteligente, quizá sólo fuera el que supo adaptarse a la circunstancia y acertó con el camino que iba a retrasar su sentencia. Al verlo, la cebra y la liebre acostumbradas a huir de él, le preguntaron:
—¿Por qué corres?
—Acabo de conocer el miedo —contestó—, y en este momento sé cómo os habéis sentido cuando era siempre yo quien os perseguía.
—No te guardamos rencor, era tu naturaleza y contra ésta no se puede porfiar. Ahora que también eres un perseguido te podemos ayudar si aceptas nuestra amistad.
Juntos consiguieron huir hasta refugiarse en una cueva cuya boca de entrada los gigantes no eran capaces de franquear.
Desde fuera, los gigantes reclamaron sólo la vida del león, prometiendo a cambio la libertad de la cebra y la liebre.
El león se dispuso a abandonar la cueva.
—Todo ha sido por mi culpa, si yo salgo se olvidarán de vosotros y volveréis a correr por la selva.
La cebra y la liebre se interpusieron en su camino.
—Y de qué nos servirá volver a ser libres si viviremos siempre con la conciencia de haber traicionado una amistad.

La era de los hombres gigantes terminó. Y cuentan que hay una cueva perdida donde permanece el testimonio de tres esqueletos abrazados que nos recuerdan que hay sentimientos capaces de superar cualquier diferencia.

Los leones siguen cazando, las cebras huyendo de ellos y las liebres corren para salvar su vida de los depredadores, pero de lo que sí estoy seguro es de que a los hombres nunca se nos concederá la condición de volver a ser gigantes.

Oscar da Cunha

26 de octubre de 2014