viernes, 9 de agosto de 2013

HASTA PRONTO CARIÑO, ESPÉRAME ENTRE LAS ESTRELLAS


Todavía recuerdo el día que nos conocimos, estabas en la jaula del fondo, la de los que ya no se acercan a los barrotes buscando esa esperanza que les devuelva el cariño que nunca tuvieron; la de los desengañados por no haber aparecido por este mundo con el aspecto un bonito peluche con rizos; esa jaula en la que los están, saben que ese será su último hogar. Nos cruzamos los ojos y tu sincera mirada no me hizo ninguna falsa promesa; observándote, me di cuenta de que no te conformarías con cualquier cosa y aunque yo nunca he sido más que eso, me quisiste aceptar.
La primera noche ya me asombraste; te regalé un muñeco, tu primer juguete; con decisión fuiste al armario donde me habías visto guardar mi abrigo y allí lo dejaste para después volver y sentarte a mi lado, desde entonces no sé pronunciar la palabra compañera sin decir tu nombre, desde entonces siempre me han escoltado dos sombras. Has bailado cuando me has visto alegre y te he descubierto alguna lágrima cuando la tristeza me ha rodeado. Y aunque la naturaleza no te regaló gran tamaño ni fuerza poderosa, quién me afrentase, sabía que iba a tener que decidir entre su vida y la tuya. Ese valor, que nunca te faltó, es una de las muchas cosas que aprendí de ti. 
¡Y cómo has sabido hacerte amiga de mis amigos! De los auténticos, también en eso fuiste buena consejera. La vida te enseñó a mirar a los ojos y distinguir la verdad en ellos, siempre has sido una persona muy inteligente.
La suerte nos ha mantenido unidos durante trece años, sin rituales, sin papeleos pero, como se suele decir, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad y nunca te he visto protestar, aunque la cama fuese dura y fría, si era junto a mí. Nunca fuiste amiga de los lujos, cuando los hubo; y en la escasez, cuando compartíamos ración, no por casualidad elegías el trozo más pequeño.   
Entre algunas de las razones por las que nos hemos parecido es porque ambos somos callejeros y de mil razas, pero tú estuviste más acertada y te quedaste con lo mejor de cada una. La elegancia y la belleza te las guardaste bien dentro, decidida a no entregársela más que a quien las supiera apreciar, ¡qué suerte tuve de ser yo el elegido!
Fuiste mi guía en las noches sin luna, compartiste los chaparrones en cada tormenta y me ayudaste a soportar el calor bajo el sol cuando nos faltó un techo. Yo, a cambio, sólo te enseñé a nadar y a montar en la Vespa. A partir de hoy la mar estará más salada, las lágrimas nunca son dulces, y quizás, a la moto no le falten buenas razones para no volver a arrancar.
Se lo tendré que contar a Rosy, tu amiga, la compañera de esquina de Isma; no sé si acertaré con las palabras, aunque quizás no hagan falta, son de los nuestros y con una mirada será suficiente. Por los peludos no te preocupes, últimamente ya se habían dando cuenta de que no estabas en forma para hacer la ronda de cada noche y recogerlos y ya viste cómo te acompañaban despacito, a tu lado, en tus últimos paseos. Te añoraran mientras sigan en este lado pero a todos les servirá de consuelo saber que, cuando les llegue su hora, volverán a correr contigo en ese paraíso donde ya no  existe el sufrimiento y las enfermedades del cuerpo ni siquiera son un recuerdo.    
Y a mi, sé que ya me has perdonado, lo he leído en tus ojos cuando, con tu última mirada, te has despedido para descansar en el sueño final. Contra tu voluntad he tenido que tomar la decisión de poner fin a tus padecimientos, no me cabe duda de que hubieses preferido seguir a mi lado aunque la tortura de tu cuerpo te mantuviese casi paralizada pero, por una vez, la prioridad ha sido la tuya. Te has ido durmiendo, serena, relajada y por fin sin dolores mientras, yo no he dejado de acariciar tu cabeza, tu pelo, tu frente, se te han ido cerrando tus preciosos ojos con una sonrisa más sincera que la mía porque, yo me estaba desgarrando por dentro al verte marchar.
Son muchos los que te echarán de menos, supiste ganarte la amistad de los que merecían la pena, pero a mi  me dejas desnudo y pensando solamente en el día que la suerte nos vuelva a juntar.
Hasta pronto cariño, espérame entre las estrellas.   

Oscar da Cunha
9 de agosto de 2013