jueves, 14 de marzo de 2013

EL PATITO FEO


  A él no lo conocí hasta ayer; con su madre tengo más relación, solemos coincidir en la misma cafetería a primera hora de la mañana, antes de enfrentarnos, ambos, cada uno a nuestra labor diaria. Pero ya, por costumbre, él suele ser siempre el motivo de nuestra conversación. Unai ha hecho esto, a Unai le gusta lo otro… A decir verdad, más que conversaciones lo habitual es un monólogo que yo escucho admirando el embrujo con el que ella me cuenta las hazañas diarias de su hijo. Me fascina ver como se iluminan sus ojos verdes cada vez que un nuevo halago sale de entre sus labios. He aprendido de memoria la lista de los escritores preferidos de Unai, asimismo conozco sus gustos sobre pintura, y sé que sueña con poder saludar personalmente a Antonio López, yo también. Le encantan los viejos discos de Loquillo, pero eso es porque con él se ha cruzado varias veces por la calle, yo también.

  —No obstante, detalles aparte, las virtudes de Unai están en su gran corazón —me cuenta—. Ama dame un beso, no sólo al llegar a casa o al despedirme, cualquier momento le parece idóneo para manifestarme su cariño. Ama hoy estás muy guapa. Ama ¿se puede querer más de lo que yo te quiero a ti? Ama yo no te dejaré nunca, tú y yo siempre estaremos juntos —En esos momentos sus ojos verdes dejan escapar alguna pequeña lágrima de felicidad.
  »Los vecinos lo adoran, siempre está dispuesto a cualquier favor, a subirle los recados a la anciana del tercero, a bajarle la basura a José Ramón, el de nuestra izquierda, que simplemente es un vago. Incluso, confía en él una joven pareja del segundo derecha y le dejan al cuidado de su pequeño, que ahora tiene cuatro años, cuando la noche de su aniversario de bodas salen a cenar.

  Y ayer por fin conocí a Unai, era sencillamente una visita al dentista, pero la hora que tenía concertada coincidía pocos minutos después de nuestro café diario. En cuanto me vio no dudó en dirigirse hacia mí.
  — ¡Tú eres Oscar!, Ama me habla a veces de ti —Me sorprendió rodeándome con sus fuertes brazos y no se reprimió en estamparme dos cariñosos besos—. Ama me ha dicho que tu escribes, a mi me gusta mucho leer, sobre todo a Julio Verne y Herman Melville. ¿Sabes? Yo de mayor voy a ser escritor, ya he empezado una novela. El protagonista, el capitán Nemo, inventa una máquina para salvar a Moby Dick, porque se ha enamorado de ella…
  Durante un largo rato, que para mi resultó excesivamente corto, me hizo soñar con valerosos navegantes, desveladas heroínas como su Ama, y paisajes llenos de color y aroma de azahar, su favorito.
  Mientras me hablaba no se soltó ni un instante de mi mano, su contacto me trasmitió una intensa sensación de serenidad, una placentera calidez que sólo se percibe cuando te encuentras ante un personaje excepcional, un eterno adolescente lleno de propósitos con los que transformar este mundo en el auténtico paraíso. Si tuviera que escoger una palabra para definir los pocos minutos que pasé en contacto con él, sin duda, sería felicidad.     
  A Unai la naturaleza le ha regalado un gran don, un corazón de oro y una mirada de ángel, pero esta repugnante sociedad en la que vivimos terminará marginándolo, nunca le perdonará esa copia extra del cromosoma 21. Pese a que sus alas son invisibles, su cara no consigue disimular los delatadores rasgos que identifican a todos los nacidos con el síndrome de Down.

Oscar da Cunha
14 de Marzo de 2013