lunes, 5 de diciembre de 2011

SE VEÍA VENIR


Es para lo que sirven los libros de historia y los documentales de “la dos”. Siempre, al terminar de revisar un pasaje de nuestro pasado, escapamos el mismo pensamiento: “se veía venir”, si el libro o documental de turno son de calidad, por supuesto, y analiza no solo los hechos que han marcado nuestra historia sino las circunstancias que llevaron a ellos.

La revolución francesa no fue, a secas, producto de una charla de bistrot entre cuatro amiguetes a los que Louis XVI les parecía un calzonazos manejado por la archiduquesa y su camarilla de cortesanos. Una economía arruinada, un tercer estado - la burguesía - harto de pagar todos los impuestos y carecer de derechos, y un pueblo empachado de manzanas podridas y pan robado a las ratas en las alcantarillas de Paris, terminaron generando el cambio político-social más importante de la historia de Europa. Se veía venir.

Posteriormente, Gavrilo Princip, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo, tan solo prendió la mecha de una bomba de nombre Europa, sumida en los conflictos derivados de la rivalidad económica y política, infestada por los muy diversos e intensos espíritus nacionalistas, y cuyo máximo objetivo era dar salida a la vertiginosa carrera armamentística en donde los prohombres de la época obtenían exuberantes beneficios. Hoy todos conocemos las consecuencias: 12 millones de muertos y un tratado, el de Versailles, que no satisfizo a nadie, y que termino poniendo a los pies del “cabo iluminado” la alfombra roja para justificar una de las mayores atrocidades conocidas en los últimos siglos. Se veía venir.

Está claro lo que dirán los ciudadanos del siglo XXII, los supervivientes al calendario de la abeja Maya, cuando en su pantalla de televisión, generada holográficamente en un espacio tridimensional, vean un retrodocumental en 6D, uno de los buenos, de los que sacarán viejas imágenes de los Berlusconi, Merkel, Sarkozy, Zapatero, o Rajoy. Se darán cuenta de como sus antepasados asistimos impertérritos a la supresión lenta de todas nuestras libertades y derechos sociales con la excusa de cumplir con los requisitos que nos marcan las agencias de calificación. Seguramente se llevarán las manos a la cabeza viendo, o leyendo - si es que para entonces se sigue leyendo -, como los bancos y sus camaradas del capital  nos fueron estrangulando con una estrategia maquiavélica hasta que, ya casi sin aire para respirar, conseguimos levantar el puño. Y entonces dirán: Se veía venir.

Pero realmente siempre las hemos visto venir. Nuestros antepasados, los que dejaron la camisa ensangrentada de Louis XVI, aquellos que se echaron a las armas en  el catorce, y sin duda alguna nosotros mismos. Y como ha ocurrido en toda la historia nos decidiremos a quitarles lo bailao, e intentar poner las cosas en su sitio, hasta la siguiente.