jueves, 22 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD, CON SUERTE


FELIZ NAVIDAD, CON SUERTE.

  No voy mucho por la pescadería, entre otras cosas porque últimamente no voy mucho por ningún sitio que no tenga relación con mi trabajo, pero hoy me ha tocado “lo puesto” en un décimo de lotería. Visto que este ha sido mi año de la suerte y que los grandes destinos se forjan gracias a las pequeñas decisiones: dos doradas, de vivero, para cenar.
  Toca esperar, por esto de la crisis la pescadería decidió reducir personal y estos días los clientes parecen tener tarifa plana.
  Era su turno, bajita, regordeta, pero con esa dulce voz que solo tienen muchas mujeres que saben lo que es querer y sufrir. A través del espejo del establecimiento vi reflejada su cara: unos labios que no hace tantos años seguro que fueron deseados por muchos tipos del barrio, y unos almendrados ojos verdes que terminaron sonriendo al que menos le convenía.
  “Ponme una merluza para rellenar, ¡pero por favor, dámela buena! A ver si este año todo sale bien”.
  Su tono, suplicante, revelaba que la noche del sábado se tendría que enfrentar, una vez más, al tribunal de la inquisición. Al oírla, el animado parloteo de los que esperábamos turno se amordazó. Más de una mirada cómplice entre la pescatera y alguna clienta habitual.
  Minutos después salió. El espejo no me había engañado, esa verde mirada, hoy melancólica, intentaba sonreír evocando mejores tiempos, cuando el tipo elegido, el que menos le convenía, supo pronunciar las palabras adecuadas para conseguir sus labios. En su bolsa de cuadros, su crucifijo de tres kilos, el que le iba a librar de la ira de su propio Domingo de Guzmán. Ojalá que el precio pagado mereciera la pena, se tendría que conformar con el rimel y la barra de labios del chino de la esquina
  “Esperemos que este año no se tropiece con ninguna puerta”. Más miradas cómplices tras el comentario de una clienta.
  Es lo que tiene hacer de nigromante a través del espejo de una pescadería; su ausencia, la de ella, me dejó la imagen de un cabrón, el que menos le convenía. El retrato de un tipo que solo se pone las pelotas al llegar a casa porque sabe que sus súbditos conocen el precio que comporta no satisfacer hasta sus más infames caprichos. Un desgraciado que, incapaz de afrontar las duras pruebas a las que a todos, a veces, nos somete la vida, descarga su minusvalía mental destrozando la vida de quienes no merece.
  Feliz Navidad, señora de los ojos verdes, deseo de todo corazón que esa merluza que, pese a todo, seguro que prepararás con cariño, te ayude  a sortear las puertas de tu casa. Y para el año que viene, si el hijoputa que te engañó cuando aún creías en el amor no te ha destrozado a golpes, te buscaré por la calle, ya sacaremos de alguna mercado negro el ak47 que le vas a poner en la próxima cena de nochebuena.
  Feliz Navidad a todas las que, como mi señora de los labios deseados, respirareis aliviadas cuando ya en el amanecer navideño seáis las únicas que seguís en pie recogiendo los trastos, mientras el cabrón de turno, el que tampoco os convenía, ronca su borrachera en una cama que no se merece.