domingo, 21 de febrero de 2016

SÓLO SÉ SU NOMBRE

¿Seguro que a vosotros también os pasa?
            Yo la veo asomarse en la distancia, con una escurridiza sonrisa enigmática y fugaz. Intento responder al gesto pero algo inexplicable se la ha llevado. Porque prefiero consolarme de que así sea y no por su propia su voluntad que ella me evite.
            A veces la encuentro deslizándose entre las aguas, suele ser en una playa tranquila y con poca luz. Está desnuda, como yo la quiero. Lo sé porque juega a enseñarme la parte que ella considera su capricho, seductora, provocativa, insinuándome que hay más, mucho más, incluso todo, y que si nado hacia ella…, lo demás, lo que imagino, me puede ser concedido. Y voy. Pero nunca llego a tiempo. Y entre la penumbra submarina que no atraviesa la luz de la luna, intuyo, pero sólo una silueta que se desliza hasta una profundidad que yo no me atrevo.
            Sé que es hermosa como…, como sólo ella es capaz de serlo. Pero no os la puedo describir porque con lo que único que he aprendido a conformarme es con un vago recuerdo. Sí, ese recuerdo que se disipa entre gasas cuando despiertas y sabes que has pasado la noche en su compañía. Es el castigo de los sueños, de los buenos, los que vienen de serie con la condena a ser olvidados. Y esos primeros minutos, tan escasos y difusos con los que te sorprende el despertar, no son suficientes para retener el placer de haberla tenido entre mis brazos.
            He oído a muchos hablar de ella, pero no conozco a ninguno que la haya conseguido, y aunque tenga que admitir mi egoísmo, me alegro. Porque sé que, completa, no me la hubieran contado, y estaría condenado a los celos por la eterna espera de que en alguna ocasión, como esos otros, también la hiciera mía.
            A veces, incluso dudo de que exista y que no se trate más que de otro de esos trucos con los que la imaginación juega. Pero enseguida me quito esa tontería de la cabeza, porque aunque no sea más una pequeña parte, algo de su brillante piel sí he conseguido ver. Y sé que con ella no son buenas las prisas porque no conducen más que a su contrario, el engaño.
            Ahora estoy seguro de que a vosotros también os pasa. Y que como yo, soñáis con ella, os acercáis pero tan sólo conocéis su nombre. Se llama Verdad.

Oscar da Cunha

21 de febrero de 2016