domingo, 11 de noviembre de 2012

ORIÓN


  Pasa durante las frías noches de invierno, cuando los caminos se llenan de historias sobre él, es imposible, todas no pueden ser ciertas. Conozco esas conversaciones de taberna, las manos aferradas al vaso y la mirada fija en la botella, el calor del aguardiente al pasar por la garganta y las sombras de las ánimas, vencida ya la medianoche, empujan a la exageración.

   —No me cabe duda de que se trataba de un tipo excepcional, yo mismo le vi caminar sobre las aguas con la majestuosidad de un viejo aristócrata.
  La voz del tuerto, rota por las madrugadas de helada acosando lobos, rebota en las paredes de la cantina, ninguno se atreve a ignorarle.
  —Eso era por su gran tamaño —desde el fondo, desde esa esquina que desprecian los quinqués, contesta otra voz, esa, ni yo mismo la conozco—, incluso de entre los mares más profundos, nunca lo hubo capaz de cubrir por encima de su pecho.
  —Por un engaño le robaron la vista. El oráculo le envío en busca del sol, persiguiendo su resplandor, quien orientó su camino. Mi pócima le dio a conocer el amor, y ella convenció a su hermano, la luz volvió a llenar sus otrora vacíos ojos.   
  —Conozco tus brebajes, hechicero, no son más que sangre de rata mal diluida en este aguardiente de gato muerto con el que nos envenena el mesonero.
    A quién llaman “el negro”, y no sólo por el color de su sotana, no pierde vez para impartir su rencor; le dejamos hablar, todos lo hemos reconocido, alguna vez, desenterrando el cadáver del que ayer tuvo vida, para arrancarle su alma.
  »Eran esos perros, los que siempre le acompañaron, ellos fueron sus guías entre las sombras, el sustituto de esos ojos que entregó a la lujuria en una noche de vino negro.

  —¡Ignorantes! ¡Lenguaraces! ¡Nada sabéis! Fue un extraordinario cazador, a su paso no dejó bestia con vida sobre la tierra.
  Reconozco esa garganta si bien jamás lo tuve delante, es la del barquero, me estremece verlo sentado a mi mesa. Arrugado, con sus ojos vidriados como el cristal de la botella que estamos compartiendo.
  »A mi me encomendaba el cadáver de todas sus presas, pasé noches enteras cruzando sus despojos al otro lado. Cíclopes, basiliscos, minotauros…, nada resistió la puntería de sus flechas, ni la fuerza de su tranca.  
  El golpe de su puño sobre la mesa hace temblar los vidrios y marca un silencio, al viejo capitán lo tememos todos. No fue la tormenta la que mandó al abismo su galeón con todos sus marineros, no fue por suerte que sólo se salvara él, la falúa, y la bolsa de oros.
  —¡El hijo de orines! Ni su potencia ni su destreza. ¿Cómo creéis que se libró de aquél gigantesco escorpión? Su hedor lo ahuyentó, aquél pellejo putrefacto de buey del que salió, continúa impregnando su piel, incluso para los más lóbregos demonios del averno resulta insoportable.


  Sonrío para mis vísceras pues todos dicen bien pero nadie conoce la verdad. Al salir de la taberna, el crujido de la escarcha bajo mis botas, noche de helada, él está ahí arriba. Suenan en mi memoria los últimos compases de la ópera que le ha dedicado el undécimo hijo de Bach, y sólo yo soy testigo de su auténtica historia. Nacido en el mes de las flores, eso me lo ha contado Ovidio, y víctima de la traicionada flecha de su amada Artemisa, por quien enloqueció de querer. Con el frío del norte, Bellatrix, Rigel y Betelgeuse resplandecen magnificando el poderío del coloso. Mas no fue su fuerza sino la pasión, quién consiguió resucitarlo, y en las orillas de Eridanus continuó cortejando a la hija de Apolo, jurándole amor eterno. Pero de los dioses hemos heredado nuestras perfidias, y quisieron ser los celos, el vicio de la posesión, los que empujaron el rayo de Zeus que le partió en dos su gran corazón.
  Encogido bajo mi capa, desaparezco entre las estrechas ruas que, rodeando el camposanto, conducen a mi refugio. Las luces, fatuas, de los muertos, como cada noche se alejan de mi presencia; no es a mí a quién temen, el cazador vigila mis pasos, y los canes que lo acompañan son también mis compañeros.

Oscar da Cunha

11 de Noviembre de 2012