sábado, 21 de julio de 2012

¡BUENA SUERTE CAMARADA!


  Desde la loma en que se encuentra mi casa levanté mi brazo en señal de despedida. Las dos últimas horas en su compañía, lo confieso, lo pasé mal aunque hice todo lo posible por disimularlo. Siempre he mantenido mi imagen de tipo duro, y a ciertas edades ya no se está por cambiar de armadura. A pesar del sol de julio se me humedecieron los ojos, hemos pasado una semana juntos, y al final me ha terminado cayendo bien el chaval.
  Él llegó con el propósito de aprender un poco de las viejas tretas que utilizo diariamente para sobrevivir en mis cacerías en la tierra media. Le he hablado, largo, de mis batallas con los uruk-hai, juntos hemos vuelto al refugio con la cabeza de más de un orco colgada de nuestro cinturón, y le he desvelado el secreto del espejo, donde se encuentra nuestro peor enemigo.
  Todavía va a necesitar acumular muchas cicatrices hasta convertirse en cazador, algunas le dejarán huella para toda la vida, pero ha demostrado no tener miedo.
  Llegó lleno de inquietudes, y ahora le veo marchar con la mochila cargada de ilusión, la va a necesitar, y mucha; en este horizonte que nos están preparando no se ven más que nubes, y solo la utopía de vivir con dignidad nos puede ayudar a que nuestro mundo no sucumba en la tiniebla.
  Ya se va, y en una semana creo que he conseguido el objetivo de esta primera instrucción: prepararle para soñar. Pero también necesito agradecerle las horas compartidas, en él he vuelto a encontrar mis propios pasos de aprendiz, mis primeras anotaciones en esa hoja de ruta que una y mil veces tendrá que cambiar. Y quizás ahora, gracias a él, soy consciente de que mi camino recorrido hasta la fecha ha merecido la pena; he comprendido que ya soy capaz de enseñar, puedo conseguir transformar un espejismo en la ruta hacia el oasis. Por fin me he convertido en la serpiente que siempre ambicioné ser, competente para inocular el veneno que endurece la sangre de todo navegante.
  Se lleva la carpeta cargada de proyectos, y mi esperanza de vérselos cumplir. Él se siente capaz de afrontar la travesía, y yo sé que una vez que su barco zarpe no podrá dejar de navegar, espero encontrármelo en muchos puertos y compartir las típicas hazañas de taberna que, como buenos marineros, siempre serán exageradas.
  ¡Buena suerte camarada! Recuerda la historias que te he contado y hazlas tuyas algún día, como suyas las hicieron los que a mi me las contaron. Y nunca olvides que ninguno nacimos aprendido, a todos nos tuvieron que dar el primer empujón, y por tu actitud sé que tú no romperás la cadena.

Oscar da Cunha

21 de julio de 2012