martes, 7 de febrero de 2012

AIRBAG


AIRBAG


  Unos minutos de espera dentro del coche delante de la puerta de un cliente, algo habitual, y una de mis manías: o llego puntual, o tarde, pero nunca antes de la hora fijada. Siempre me ha parecido una grosería invadir la intimidad de quién aún no te espera, no darle tiempo a echar los últimos flis-flis de ambientador, quitar de su mesa de trabajo la revista de crucigramas, o sorprenderlo echando el último vistazo a una página porno.  Todo el mundo se merece un respeto, incluso los clientes, y a mi gusta concederles tiempo para que se active su protector de pantalla, el de los pececitos de colores.

  Una mañana especial, a primera hora tenía cita en la notaría. El ritual de todos los seis de febrero. El escribano, con una sonrisa, ha repetido la formula habitual: “No habiendo manifestado ninguna de las partes la intención de cancelar este contrato, queda prorrogada por un año más la relación entre los firmantes: D. Oscar da Cunha, y la Vida”. 

  Ahora, mientras espero, será por la fecha, pero cada palabra agita los árboles de mi bosque. Se producen asociaciones extrañas: robles en cuyas ramas florecen margaritas, rosas sin pétalos y gaviotas en flor. Hoy me pesan las palabras como a las ramas las manzanas a punto de madurar. Cada una de ellas es portadora de múltiples néctares.

  Sentado, como decía al principio, en mi coche, evito mirar el exterior. Llueve y no quiero contagiarme de la romántica melancolía de la lluvia. Hoy no, hoy estoy más afectivo - será la fecha - y el cliente que me espera es un tipo duro, de esos que siempre te salen al encuentro con la pistola cargada y no se han molestado en quitar la página sado-maso de su pc. En el volante de mi coche, como en el de casi todos ahora, leo “airbag”. Todavía me quedan unos minutos para soñar.

  Ese anglicismo, otro intruso más en nuestra lengua - quizás lo prefiramos porque tenemos tendencia a relacionar bolsa de aire con flatulencia -, nos infunde cierta seguridad al conducir. Pero, ¿y caminando por la vida? ¿Cuál es nuestra “bolsa de aire”? Yo que ya he tenido más de un accidente en mi recorrido sé de lo que hablo.

  Mientras luce el sol, nos sentimos autosuficientes, es primavera en nuestro interior, y tenemos una nociva tendencia a rodearnos de compañías  pasajeras, dispuestas solo a compartir las flores del camino.
 
  Pero en todo camino, es infalible la tormenta, los meses de invierno; y a veces nos toca el papel de indigente, caminante desprovisto. No es más que la vida: unas veces nos hace reír y otras nos descojona.  

  Hoy me acuerdo de  quienes han sido mi bolsa de aire, mi airbag de caminante, ellos que no estaban ahí solo para recoger las flores de primavera. Y el toro que en unos minutos me toca lidiar va por ellos, intentaré salir por la puerta grande, me lo desean y se merecen ver una buena faena.

  Este invierno ha llegado duro y largo, ya va para cuatro años, y a mi aún me quedan unas pocas flores escondidas de la pasada primavera. Cuenta con ellas amiga, y no pienses que soy de naturaleza generosa, solo he aprendido de otros, de los buenos. Quiero creer que soy un aspirante a bolsa de aire. Cambiarán los vientos.

Oscar da Cunha

6 de Febrero de 2012