miércoles, 7 de junio de 2017

UN LIMPIABOTAS Y UN LAGARTO DE COLORINES

Es una mañana de julio y Barcelona se viste de calor, o a mí me lo parece, porque esas minifaldas tan cortas procuran que camine por una ciudad llena de monumentos aunque yo sólo me fije en el andamiaje.
            No recuerdo qué edad tengo, conservo la suficiente para que consiga disfrutar de un paseo junto a mi padre, y demasiada para aceptar ir de su mano. Seguramente me encuentre por encima o por debajo, no obstante, vistos desde hoy, los nueve y medio me vienen cómodos. Es lo que me gusta del pasado, puedes hacer retoques y quedarte con la versión adaptada.
            Observo que a él le sonríen, muchas, acaso se trate de una moda de la época; pero cuando empiezan a pasar los años y cambiar las modas, llego a la conclusión de que a las mujeres les gusta ver piel en la cabeza. Y una gran nariz. Después he conseguido entender que tan sólo fueron épocas preocupadas por mantener de moda las buenas costumbres, conversar en las comidas, y los buzones de Correos.
            Hemos pactado visitar el Parque Güell pese a que yo sigo prefiriendo el Zoo, pero los cocodrilos a la tercera ya te saludan y ese lagarto de colorines aún no me conoce.
            Callejeamos. Según mi padre, la naturaleza no comete errores, y no es cuestión de afearle que nos concediera un par de suspiros más de inteligencia que a las ratas para ahora imitarlas recorriendo alcantarillas. El metro descartado. No me convence el argumento aunque como sombra yo también prefiera la de los árboles. En el colegio me vendieron que nos encontramos en la cima de la pirámide evolutiva, pero yo me sigo preguntando para qué. A las aves se les otorgó alas y vuelan, aletas a los peces y envejeceré envidiando su habilidad en el mar; luego me lo pienso mejor al saber que somos los únicos capaces de construir máquinas que nos sustituyan, tal vez encontremos una razonable utilidad para nuestra inteligencia cuando ya no nos necesiten.
            Sobre el adoquinado de uno de los chaflanes vive un limpiabotas. Él insiste y yo no estoy convencido de que me haga falta, me conformo con sentirme seguro de que no me lo merezco. Mi padre ve una oportunidad y presiona. Es verano, de momento son escasos los años y para esa revolución que ya me imagina todavía me queda grande el traje. Sólo descanso un par de jardines ya jubilados más tarde, cuando mis zapatos vuelven a recuperar el polvo que considero apropiado.

Ahora se me entromete la nostalgia siquiera después de tantas cosechas, hay dos cosas que no he vuelto a tener: ni la misma edad ni otro par de zapatos blancos. Pero la que realmente añoro es la compañía.
            Hoy, no la he olvidado y puedo ver su sonrisa, horas después, cuando la cena. Cuando me pregunta y yo me disperso entre el banco ondulante, el pórtico de la Lavandera o el viaducto del Algarrobo. Y él niega con la cabeza sin que sus labios pierdan esa curva que acerca los bordes a sus orejas. Cuando me habla de que la lección del día no va de arquitectura, trata de los propósitos y del sudor para que la vida no te condene a terminar agachado en una esquina limpiando zapatos. Yo me abstengo pero no otorgo. Y ahora que toca recordar sonrisas, lástima que él no vea la mía porque no supo mentirme.
            Me he concedido muchas vueltas por ese parque, y aunque sin su compañía tampoco he podido esquivar la de la del limpiabotas. Con nueve y medio lo empezaba a intuir, el resto del camino me lo ha confirmado. No importa el cómo sino el para qué.
            He visto a muchos hombres ganarse la vida honradamente agachados, sin humillarse, sin esconderse. Y he sabido de los cada vez más que se agachan con reincidencia a escondidas. No, no son cosas de la vida, cada uno elije cómo talla su piedra. Tal vez algún día me toque escoger esquina, y no me preocupa porque el betún sólo mancha las manos pero no las ensucia. Y, como otros muchos, sé que he perdido oportunidades, pero salí aprendido de lo que contenía aquella sonrisa de mi padre: "Cuando sea necesario, hasta para comerte ese lagarto de colorines, pero nunca te agaches para chupar culos".

Oscar da Cunha
7 de junio de 2017