domingo, 12 de abril de 2015

COMME UN P'TIT COQU'LICOT, MON ÂME!

            Dejé de visitarla el día que empezó a confundirse y por confundirme la vi sufrir. El día en que la primera lágrima de sangre tuvo la insolencia de atravesar la barrera del tiempo que habíamos pactado y, asomándose por uno de sus ojos, se deslizó hasta su boca aprovechando aquella arruga que conectaba el retrato de lo amado, embalsamado en blanco y negro, con esa hipnótica melodía que, en el pasado, ella convirtió en contraseña para acceder al escondite rojo y más secreto del jardín de su alma. Comme un p'tit coqu'licot, mon âme!
         Siempre me gustó que me contara, cuando aún podía contar sabiendo que lo contado era el cuento que la vida le regaló. Cuando tras los pétalos del ababol ella todavía encontraba la cara de él, su voz y el tacto de su mano sobre una piel condenada, como la de todo lo bello, a convertir ese líquido que empuja el corazón en vinagre hasta transformar la piel en pergamino. Cuando sus labios no habían olvidado el sabor de la ambrosía que determina en eterno al ser amado, porque la inmortalidad no es patrimonio de los dioses sino de los humanos que aceptamos amar antes de ser correspondidos.
         De ella aprendí que no aparece el amor si no se acepta la amargura, porque es sólo por amor que merece la pena sufrir, y lo demás no es sufrir, son dolores del cuerpo y éste no es más que estructura encarnada que hace visible el sentimiento. Y no voy a contaros su historia, la que tantas veces me repitió, porque  la quiero toda para mí y, egoísta, temo en el relato perder algunos pétalos que me confió para que en mi corazón no se marchitaran. No voy a contaros que se conocieron cuando se recoge la uva, y entre las cepas ya desnudas de fruto ella desnudó el suyo para él. Porque el del alma… ¡Ay el alma!, ese se lo regaló con la primera mirada, la que llegó días antes del primer beso, el que todavía no se ha entregado con los labios.
         No voy a contaros que en soltería abandonó su pueblo por seguirlo a él, y por seguirlo aceptó atravesar el fino velo de la convivencia ya rasgado por los sables que probaban su filo, ese filo que no entiende de personas cuando la palabra guerra delata la falta de lo poco de civil, que por extraño conjuga con civilizado, esconden las intenciones. No, no voy a contaros que casaron solitarios en país extraño, ¿para qué la compañía si ésta nunca se implica en la promesa?
         Y no voy a contaros que en soledad, después, le esperó convencida de que nunca volvería a sentir con la piel, porque hay un lugar del que los cuerpos no regresan, pero el alma tiene suerte porque el tirano no entiende de almas y se conforma con el cuerpo. Y en alma… ¡Ay el alma!, en ella nunca faltó su aliento ni su calor, y en la tristeza encontró la felicidad que le acompañó hasta cerrar los ojos cuando abrió su mirada hacia la eternidad.
         Y vi que le envejeció el alma, y en mi última visita desperté del sueño donde ya no me contaba y me cantaba porque me confundió. Pero yo no soy él aunque lleve su sangre y preferí la ausencia que decidí no volver a soñar. No se merece esa lágrima, esa lágrima roja, mon petit coquelicot.

Dedicado a Marie-Thérèse.
Oscar da Cunha
12 de abril de 2015

Versión de Leila Bekhti.

Le myosotis, et puis la rose,
Ce sont des fleurs qui dis'nt quèqu' chose!
Mais pour aimer les coqu'licots
Et n'aimer qu'ça... faut être idiot!
T'as p't'êtr' raison ! seul'ment voilà:
Quand j't'aurai dit, tu comprendras!
La premièr' fois que je l'ai vue,
Elle dormait, à moitié nue
Dans la lumière de l'été
Au beau milieu d'un champ de blé.
Et sous le corsag' blanc,
Là où battait son coeur,
Le soleil, gentiment,
Faisait vivre une fleur:
Comme un p'tit coqu'licot, mon âme!
Comme un p'tit coqu'licot.

C'est très curieux comm' tes yeux brillent
En te rapp'lant la jolie fille!
Ils brill'nt si fort qu'c'est un peu trop
Pour expliquer... les coqu'licots!
T'as p't'êtr' raison ! seul'ment voilà
Quand je l'ai prise dans mes bras,
Elle m'a donné son beau sourire,
Et puis après, sans rien nous dire,

Dans la lumière de l'été
On s'est aimé ! ... on s'est aimé!
Et j'ai tant appuyé
Mes lèvres sur son coeur,
Qu'à la plac' du baiser
Y avait comm' une fleur:
Comme un p'tit coqu'licot, mon âme!
Comme un p'tit coqu'licot.

Ça n'est rien d'autr' qu'un'aventure
Ta p'tit' histoire, et je te jure
Qu'ell' ne mérit' pas un sanglot
Ni cett' passion... des coqu'licots!
Attends la fin ! tu comprendras :
Un autr' l'aimait qu'ell' n'aimait pas!
Et le lend'main, quand j'lai revue,
Elle dormait, à moitié nue,
Dans la lumière de l'été
Au beau milieu du champ de blé.
Mais, sur le corsag' blanc,
Juste à la plac' du coeur,
Y avait trois goutt's de sang
Qui faisaient comm' un' fleur :
Comm' un p'tit coqu'licot, mon âme!
Un tout p'tit coqu'licot.