jueves, 8 de marzo de 2012

IMAGINE


IMAGINE


  No sé su nombre, incluso tengo dudas de que exista en el mundo real y no sea más que uno de los personajes que mi cabeza produce para hacer más llevadera esa sensación que siempre me ha acompañado desde que asumí que el mundo es demasiado complejo para entenderlo en una sola vida.
  Por eso yo la llamo “Imagine”, aunque ella todavía no lo sabe, o quizá sepa más que yo y por ello ha decidido presentarse en mis ilusiones, porque la necesito, tomando como suyo ese anhelo que Lennon nos legó con su canción.

  Desde hace unos meses tengo la estrella de cruzarme con ella casi todos los días. Con su ensortijado pelo rojizo, sus orejas siempre alerta; no enseña sus dientes de forma amenazadora, con el tiempo me he dado cuenta de que es una sonrisa y no se la regala a cualquiera.

  La conocí esperando al verde de un semáforo, el que está justo delante de la playa, su determinación me animó a observarla. Delgada pero no famélica, aristocrática, firme sobre sus patas, ágil y segura de si misma. Todavía no ha encontrado a un dueño que la merezca y por eso no luce collar.

  La vi bajar a la playa y recorrer la orilla, una y otra vez, con una carrera elegante alzando su morrillo aún joven para atrapar la brisa cargada de sal; por fin se detuvo, y durante unos minutos ladró a todas las olas que terminaban su viaje en esa parte exacta de la arena que ella había escogido. Acabada su oración dio media vuelta y abandonó serenamente la playa con el paso orgulloso que acompaña al deber cumplido.
  Al volver, el mismo semáforo, siempre esperando al verde, no quiere conflictos con las autoridades de nuestro mundo. Atraviesa el barrio con dignidad, sin prisa y sin miedo, y de repente desaparece.

  Todos los días repite el mismo ritual, a la misma hora, la misma carrera por la playa, el mismo punto donde lanzarle al mar su saludo, su canto de libertad. Ahora cuando nos cruzamos ya me mira, me conoce, yo creo que sonríe un poco más con el orgullo se sentirse admirada, pero nunca se detiene.

  He preguntado por todo el barrio: los bares, la mercería, la farmacia, incluso al chino de la esquina, a mis amigos Ismael incluido, pero nadie la conoce, nadie parece haberla visto jamás. Solo yo sé que es real.

  Sueño con el día en que me dedique el primer saludo, una mínima conversación que me admita a compartir su dignidad, a saborear su felicidad, y sobre todo que me permita acompañarla en su ritual.
  Sueño con poder ladrarle, algún día, al mar en su compañía, pero mayormente sueño con que me ayude a entender por que lo hace.   

Oscar da Cunha
8 de Marzo de 2012